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Un nuevo desafío, una nueva meta cumplida

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LanPass 10K – Buenos Aires - 3 de octubre de 2015
Juan Pablo Romagnoli - Corredor 3434

Correr es un deporte mental, donde te liberas y conducís a vos mismo para superar los obstáculos que se te presentan en la vida.
Por eso el desafío de correr no sólo como meta personal, sino también como prueba a superar, era una cuestión que tenía pendiente desde hace tiempo. Aunque dudé al principio, luego de una desilusión personal y un emprendimiento fallido, una fuerza interna me empujo y decidí inscribirme para correr 10 kilómetros en una carrera oficial.
A pesar de haber realizado deportes desde chico y competido en otras disciplinas, nunca había participado en un evento deportivo similar hasta mis actuales 41 años.
Previo al sábado, día “D”, comencé a buscar información de cómo prepararse para una carrera de 10K en el transcurso de un mes aproximadamente. Para ello investigué un poco en Internet, donde leí varías páginas web dedicadas al running y de clubes de corredores, si bien muchas de las rutinas estaban destinadas a iniciados o deportistas amateurs, me parecían un poco exigentes en cuanto a los ejercicios y tiempo de actividades. Y la mayoría tenían como objetivo reducir el tiempo en carrera o mejorar la perfomance del trabajo físico durante el evento, por lo que no se adecuaban a mi propósito que era completar una carrera y poder hacerlo en un tiempo aceptable.
Es así que opté por continuar con mi criterio de entrenamiento y sumar otras actividades aeróbicas, como salidas en bicicleta, además de los de 5 kilómetros que venía haciendo entre 2 a 3 veces por semana.  Por lo que, sin pensarlo demasiado, también me inscribí en un club con piscina, para complementar el entrenamiento con natación y sumar ejercicios de fuerza y de resistencia al trabajo aeróbico.
En esas más de cuatro semanas alterné salir a correr, con natación y bicicleta, lo que me permitió obtener un mejor y mayor nivel de capacidad pulmonar y de fuerza en el tren inferior, y a controlar el ritmo y economía de la respiración.
Casi sin darme cuenta, esas semanas de preparación pasaron volando. Había llegado el día y, a pesar de haberme preparado, las dudas y miedos a no poder cumplir el objetivo llenaron mi cabeza de inquietudes.
El día de la carrera decidí ir temprano, junto a mi hermano quién se ofreció a acompañarme. Al llegar al lugar del evento, me impactó ver la cantidad de personas que quizás por iniciativa propia, o por tendencias o modas, participan de estas actividades deportivas.
El tiempo de espera pasó rápido, y luego de una entrada en calor previa, la carrera dio inicio y así comenzaba a dar marcha mi desafío. Los primeros kilómetros fueron de una extraña comunión, entre mantenerme constante en mi ritmo y una forzada adaptación al compartir con tanta gente un sentimiento común.
Manteniéndome constante a lo largo de la carrera, los kilómetros fueron pasando, junto con las señales y puestos de hidratación, llegué a los 8. No había superado esta distancia durante mi período de entrenamiento, por lo que restaba era una incógnita para mí.
Sintiéndome con fuerza y empujado un poco por el frío de la jornada y la ansiedad, fui aumentando de a poco el ritmo, buscando no exigirme demasiado en el cambio de respiración y generando una marcha que no alterara demasiado el estilo que ya poseía. Los 9K estaban cerca, la gente de la organización alentaba por el último kilómetro faltante. Todo esto me llevó a seguir y a apurarme un poco más con el objetivo de cumplir y conseguir la meta en menos de una hora de carrera.
Y así fue que, luego de un trote más pronunciado en el tramo final, logré cruzar el arco de llegada en 57 minutos y 44 segundos, según el tiempo oficial, confirmando el pensamiento de que todo es posible al que cree y con la alegría y satisfacción de haber alcanzado un nuevo desafío, una nueva meta cumplida.